
"Soledad le dijo que no viajara. Que ya fue: nunca iba a encontrar vida en Golbo Norte. Que era demasiado arriesgado transitar por el gran desierto vertebral que une a ambos Golbos, el Norte con el Sur.
Pero él seguía obstinado con una idea fija que arrastraba hace más de 15 años.
Cuando el receptáculo intrafrecuencial le dictó señales magnéticas e impulsos electrónicos del tipo '10101010101' provenientes del norte, se juró a sí mismo que algún día, optimizado de pies a cabeza, cruzaría la maldita columna desértica.
El tiempo avivó las llamas de su corazón y muchos lo trataron de loco. “¡¿Cruzar la columna vertebral?! ¡Ja! Vos estás loco, hermano. El viejo Grinxus lo intentó quince veces y según sus cálculos, sólo avanzó dos tercios del tramo”.
Golbo Sur lo tenía cansado, todo el mundo le hablaba de la hazaña de Grinxus como si fuera digna de merecer el premio por una victoria. Nunca nadie había llegado al otro extremo, así que era imposible saber si había vida o no. Todo el mundo se basaba en los textos de viejos periódicos que, un tiempo antes de la catástrofe mundial, anunciaban la integra desaparición de Golbo Norte. Nada más…
Había que zarpar. El sólo hecho de respirar, de sentir, de tener la capacidad de parpadear; de vivir, lo llevaban, en cualquier deambular nocturno o a plena luz solar, hacia el portal de la columna.
-Tengo que marcharme de acá -se repetía constantemente-. Tengo que zarpar o me voy a volver loco.
-Yo te acompaño, cabezón- dijo muy decidido su hermano-; pero eso sí, a los mates los cebás vos. Ya sabés que soy malísimo y hay que ahorrar yerba. Nos espera un laaargo viaje."
Pero él seguía obstinado con una idea fija que arrastraba hace más de 15 años.
Cuando el receptáculo intrafrecuencial le dictó señales magnéticas e impulsos electrónicos del tipo '10101010101' provenientes del norte, se juró a sí mismo que algún día, optimizado de pies a cabeza, cruzaría la maldita columna desértica.
El tiempo avivó las llamas de su corazón y muchos lo trataron de loco. “¡¿Cruzar la columna vertebral?! ¡Ja! Vos estás loco, hermano. El viejo Grinxus lo intentó quince veces y según sus cálculos, sólo avanzó dos tercios del tramo”.
Golbo Sur lo tenía cansado, todo el mundo le hablaba de la hazaña de Grinxus como si fuera digna de merecer el premio por una victoria. Nunca nadie había llegado al otro extremo, así que era imposible saber si había vida o no. Todo el mundo se basaba en los textos de viejos periódicos que, un tiempo antes de la catástrofe mundial, anunciaban la integra desaparición de Golbo Norte. Nada más…
Había que zarpar. El sólo hecho de respirar, de sentir, de tener la capacidad de parpadear; de vivir, lo llevaban, en cualquier deambular nocturno o a plena luz solar, hacia el portal de la columna.
-Tengo que marcharme de acá -se repetía constantemente-. Tengo que zarpar o me voy a volver loco.
-Yo te acompaño, cabezón- dijo muy decidido su hermano-; pero eso sí, a los mates los cebás vos. Ya sabés que soy malísimo y hay que ahorrar yerba. Nos espera un laaargo viaje."